Conclusiones finales del Prácticum: una mirada integradora y reflexiva
Esta experiencia de Prácticum ha supuesto un proceso de aprendizaje profundo, coherente y progresivo, en el que la teoría y la práctica se han entrelazado de forma significativa. A lo largo de las prácticas he podido participar activamente en un proyecto de educación emocional y acompañamiento digital dirigido a jóvenes con discapacidad intelectual que han vivido experiencias de bullying, lo que me ha permitido comprender la complejidad de las intervenciones psicopedagógicas en contextos reales.
Desde una visión global, el Prácticum ha favorecido el desarrollo de competencias clave como la observación sistemática, la reflexión crítica sobre la práctica, el trabajo en equipo multidisciplinar, el diseño y evaluación de intervenciones ajustadas a las necesidades de las personas y el posicionamiento ético y profesional como psicopedagoga. Especialmente relevante ha sido la incorporación de la educación emocional y la metacognición como ejes vertebradores de la intervención, culminando en espacios de cierre y reflexión como el taller “Lo que he aprendido de mí”, donde los aprendizajes personales y emocionales adquirieron un valor central.
Este proceso me ha permitido revisar de forma crítica mi propio rol profesional, reconociendo tanto mis fortalezas como los aspectos a seguir desarrollando. He aprendido a situarme desde una actitud de acompañamiento, escucha y respeto, entendiendo que la intervención psicopedagógica no se limita a la aplicación de técnicas, sino que implica la construcción de vínculos, la adaptación constante y la comprensión del contexto social y educativo de las personas.
Asimismo, el Prácticum ha facilitado una conexión clara con los contenidos trabajados en las diferentes asignaturas del Máster, como la educación inclusiva, la intervención psicopedagógica, la evaluación cualitativa, la ética profesional y la atención a la diversidad. Estos contenidos han dejado de ser únicamente teóricos para convertirse en herramientas reales de análisis, toma de decisiones y mejora de la práctica educativa.
Como conclusión, esta experiencia ha reforzado mi identidad profesional y mi compromiso con una psicopedagogía crítica, inclusiva y centrada en la persona. El Prácticum ha sido un espacio de crecimiento personal y profesional que me ha permitido consolidar aprendizajes, cuestionar miradas previas y reafirmar la importancia de una intervención psicopedagógica orientada al bienestar, la autonomía y la mejora de la calidad de vida de las personas.


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